De Tilcara a Iruya: el tramo que justifica todo el viaje
Cumplí la amenaza y me metí en el colectivo de línea hacia Iruya, con la última parte de tierra y curvas que se comen las rodillas. El pueblo cuelga de la montaña como si no quisiera molestar, y por la noche el silencio tiene volumen. Mañana subo al mirador temprano. Viajar lento no es un estilo: es la única velocidad a la que este lugar se abre.